En una ocasión, cerca de Navidad, me puse a pensar en lo bueno que es Dios con nosotros… siempre da, siempre ama, siempre espera.
Mientras me marinaba en esa idea, se me ocurrió preguntarle, qué quería de Navidad, qué regalo le puede uno hacer a Dios – En general, siendo el tipo de Dios que es, es difícil pensar en algo qué darle.
Mi mamá, que cumple años cerca de Navidad, el año pasado cumplía un tanto menos de 60 años de edad, y a sus casi 60 y gracias a la bendición de Dios, es difícil pensar en qué le hace falta, qué le gusta que no tenga aun, qué (y dentro del presupuesto) le puedo dar a alguien que lo tiene todo…
Algo así sentí con Dios, ¿qué se le puede dar al Dios que lo tiene todo? Si le consigo alguna cosa, seguramente ya tiene algo mejor, si le escribo un poema, seguramente habrá por ahí miles o millones mejores, si le hago una canción estamos en las mismas…
La respuesta a la pregunta fue simple… Da lo que va y no viene: Tu tiempo.
Pasar tiempo con Él, detener tu día por buscarle, por agradarle, por conocerle es el mejor regalo que le podemos dar. De todo lo que Él creó, lo más excelente y precioso que le podemos dar es nuestro tiempo.
El tiempo es un bien precioso que así como ese frasco que fue derramado en Jesús, no puede ser recuperado, no puede ser contenido, el tiempo va, y nunca viene…
Te invito, me invito a dar lo que va, y no viene.
Cheers!









